“¡Viva España manque pierda!”.

Es increíble lo que mueve “el Fútbol”.

El fútbol es capaz de todo, incluso de hacernos felices durante unos instantes, desinhibiéndonos de nuestros problemas y preocupaciones personales y profesionales.

Era inevitable que hoy le dedicara mi columna de opinión al Mundial de Fútbol 2026, de no hacerlo podría incluso parecer rarito o de otro mundo, ya que en la calle y en cualquier circulo de conversación, no se habla de otra cosa.

El fútbol es el deporte de masas por excelencia y se le reconoce como un fenómeno social y cultural que traspasa todas las fronteras. Es una actividad lúdica que basa su éxito y expansión en la gran capacidad que tiene para generar y arraigar la identidad y origen de las personas, es decir, ser de un Equipo identifica tu pertenencia y dice mucho de ti, de tu entorno, y en el caso del Mundial de Fútbol, de tu origen y condición, reforzando la idea de comunidad, orgullo y patriotismo.

Por eso el fútbol tiene tanto tirón y es un deporte tan transversal que llega a todo el mundo al no distinguir sexo, edad, religión; sus reglas de juego son tan fáciles de entender y su equipamiento o elementos para practicarlo, son tan económicos, que con ello consigue democratizar su acceso y conectar a millones de personas siendo el espectáculo más adictivo y consumido en la rentable industria del deporte moderno.

Y ahí es donde yo quiero ir a parar, al impresionante impacto económico que tiene este gran deporte. Mueve y genera miles de millones basando su principal fuente de ingresos en los patrocinios, derechos televisivos y turismo deportivo.

Pero lo que muy poca gente sabe, es que, tal y como lo afirma el experto economista D. Pedro Santa Cruz, si España consiguiera ganar este Mundial 2026 durante los dos trimestres posteriores, elevaría nuestro crecimiento interanual del Producto Interior Bruto (PIB) en un 0,48 %, como mínimo. Dicho así, no parece gran cosa, ¿verdad?, pero si les digo que ello supondría un impacto directo de unos 4.000 millones de euros para nuestra economía, la cosa cambia, ¿a que sí?

Este crecimiento e ingresos adicionales se reflejaría fundamentalmente a través de las exportaciones al convertirse España en una marca de referencia reforzando así la comercialización y crecimiento del mercado internacional de nuestros productos y servicios.

Todo ello sin contar, con lo que ha supuesto toda la fase de clasificación y competición. Los bares y restaurantes españoles aumentaron su actividad un 36%, con picos de un 66% en algunas capitales de provincia.

Por todo ello, y como dice el eslogan que ha utilizado “la Roja”; “Ojalá” España gane este mundial, ojalá gane, para que la gente se olvide por un momento de sus problemas más cotidianos y profesiones, ojalá gane para que podamos desconectar un rato más de tanta corrupción y degeneración política, ojalá gane para que ese crecimiento de nuestro PIB, venga y caiga como agua de mayo y ojalá gane porque nos lo merecemos.

Pero si no fuera así, terminaré mi columna, basándome en aquella expresión bética tan nuestra y tan bonita, “¡Viva España manque pierda!”

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