El notable incremento de la adquisición de viviendas en propiedad, respecto a la vivienda en alquiler ha generado la inmovilidad en la vivienda. Es por ello que frente a las siete veces que se cambia de alojamiento en Europa durante la vida familiar, en España se cambia unas tres veces como mucho. Tal situación además de influir en la escasa tasa de natalidad, junto a la crisis económica, todavía existente, crea un grave problema económico y social en nuestro país, representando no sólo una incomodidad en la utilización del hogar por no tener la superficie y distribución adecuada a las necesidades familiares e incluso profesionales de los que la habitan; sino también un grave impedimento a la movilidad laboral.