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“Expresiones artísticas y culturales”

Hace unos años, amigos y compañeros de trabajo, advirtieron y localizaron, navegando en ese misterioso océano llamado internet, un “blog” de esos en los que se puede decir de todo, contra todo y con toda impunidad. En él se publicaba un texto en el que un individuo descargaba toda su ira contra mi persona, individuo al que no le ponía cara y con el que nunca había cruzado una sola palabra.

El caso es que, este ciudadano, haciendo uso y amparado en la libertad de expresión que nuestra Constitución le reconoce, en un momento dado, consideró que era buena idea invitar a que, los que estuvieran de acuerdo con sus nobles intenciones, justificados reproches e insultos acusatorios contra mi persona y contra lo que yo representaba, se acercaran a mi casa para “darme una lección” o incluso mucho mejor, lo hicieran a las puertas del colegio de mis hijos, facilitando todo tipo de detalles para guiar sus pasos, con el objetivo de que mis niños “se enterasen de quien es su padre”; mis hijos tenían entonces 9, 5 y 3 años, el mayor, Juanito, con discapacidad intelectual.

Por supuesto, me vi obligado a tomar acciones legales al respecto, sin ánimo de limitar la libertad de expresión de nadie, pero sí de defender mis intereses y, sobre todo, los de mi familia. Porque no, no todo puede quedar impune, ni se pueden tomar a la ligera acusaciones o insultos falsos, cuanto menos si hay menores de por medio.

La demanda la gané, con una sentencia de esas que te llenan de orgullo y de las que te hacen renovar tu fe en la justicia. El “blog” tuvo que retirar todos los textos y expulsar a este ciudadano ejemplar de entre sus listas de grandes poetas e ilustres escritores.

Lo que quiero aclarar con todo ello es que la fuerza y el poder de la palabra pueden dañar, y mucho, a las personas que son objeto de este tipo de calumnias que, desgraciadamente, están a la orden de día, con el agravante de que ahora, en este mundo en el que toda persona tiene a su alcance una red social a través de la que, libremente, expresarse, escudándose bajo un pseudónimo para ocultar su verdadera identidad, hacen uso de esta extraordinaria herramienta que se les ha dado, para un fin muy poco lícito que es hacer daño a otros, sin ningún tipo de consecuencia ni limitación.

Ahora se pretende derogar nuestro código penal para que los autoproclamados artistas, comunicadores, críticos sociales, cantautores o cualquiera que porte un “carné de lo que sea”, pueda decir lo que quiera, cuando quiera y contra cualquiera, pero protegiendo ante todo y sobre todo el “lo que quiera”, eso sí, constructivamente, y por el bien común.

Disfrazando y justificando el odio, la envidia, los complejos, la impotencia, la soberbia, la ignorancia, la falta de código ético, cívico, moral y sobre todo disfrazando la falta de honestidad de “expresiones artísticas” y “culturales”, nuestro Estado o cualquier Gobierno a cualquier nivel comete un error de enormes magnitudes.

Seremos con el tiempo una sociedad, cruel, insolidaria y muy peligrosa en la que una persona armada con su irresponsable palabra y con licencia para disparar contra todo lo que se menea, pueda hacer tanto daño y generar tanto miedo, como el que porta un arma de fuego; ¿a lo mejor así, conseguimos ser una Democracia Plena?; sinceramente, lo dudo.