

“que Dios os lo premie”.
“Si así lo hicieseis, que Dios os lo premie y, si no, que os lo demande”; el 22 de noviembre de 1975 en el Congreso de los Diputados y con esta frase que siempre me ha impactado profundamente, sentenció el que ejerciera solo durante 48 horas como Jefe de Estado D. Alejandro Rodríguez Valcárcel al juramento de D. Juan Carlos de Borbón y Borbón al proclamarle Rey de España.
En el 2025, al que despedimos “sin pena ni gloria”, nuestro país se ha enfrentado a grandes desafíos económicos y sociales, tanto a nivel nacional, como internacional y hemos de reconocer que a alguno de ellos, aunque muy pocos, se les plantó cara, he incluso superaron su impacto previsto inicialmente. Sirva de ejemplo, la tasa de crecimiento del PIB que alcanzó el 2,9%; la celebración de la Cumbre Internacional de Financiación en Sevilla con la participación de la ONU; una recuperación económica atribuible a la bajada de los precios del petróleo y al aumento exponencial de la inversión en energías renovables; una tendencia a la baja interanual del desempleo desde 2007 cerrando el año con una tasa cercana al 11%, pero si somos sinceros, de todo ello nadie, nadie los recuerda ya, porque nadie repara en ellos.
Y esto es, porque somos el adalid europeo en tasa de paro, únicos con dos índices, el crecimiento económico no permite emanciparse a los jóvenes españoles que, por cierto, se ha incrementado el desempleo en su segmento poblacional en más de 4.000 personas este año que estamos a punto de despedir, y el acceso a la vivienda es sencillamente imposible de alcanzar.
El 2025, más bien, será recordado por la infinidad de escándalos y corruptelas políticas que copan todos los medios de comunicación y que generan una absoluta desmotivación, desconfianza y hastío en los “lideres” que nos gobiernan o que aspiran a ello.
Un “líder”, por definición, es alguien o aquel al que otros siguen confiando en la visión o sabiduría que transmite. Un “líder” ha de saber identificar y clasificar las verdaderas necesidades de las personas o colectivos a los que se ha comprometido, mediante promesa o juramento, defender y conducir.
Si estáis de acuerdo conmigo, podemos decir que cuando un “líder” pronuncia su juramento como servidor público ha de guiar, inspirar y acompañar al grupo, pueblo, región o nación que le ha escogido para ello, es bien sencillo de entender.
El 2025 también pasará a la historia por ser la fecha en la que se cumplen 50 años del fin de la dictadura. 48 horas después del fallecimiento de Franco, todo empezó con aquel juramento del Rey Juan Carlos I al que hice referencia; momento en el que España echaría a andar en la senda de la libertad y de los derechos sociales; donde pudimos instaurar un régimen democrático, un parlamento electo y aprobar la Constitución o Carta Magna que debía guiar a su vez el juramento de los políticos que habrían de defender los intereses de todos los españoles.
Pues bien, para su vergüenza, la de aquellos políticos y cargos públicos que han faltado, quebrantado y violado este sagrado compromiso y, dado que a las penas o castigos terrenales no les guardan ningún aprecio, ni respeto, sólo puedo desearles y aplicarles aquella maravillosa frase con la que Rodríguez Valcárcel sentenció a aquel que osara fracturar dicho mandato y con la que despido, igual que comencé, esta humilde y afligida columna de opinión personal.
“Si así lo hicieseis, que Dios os lo premie y, si no, que os lo demande.”