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Opinión del presidente: Marzo 2022

No perdonaremos, no olvidaremos”.

Qué tendría que pasar para que alguien se sienta tan abatido o desesperado para pronunciar las palabras “no perdonaremos, no olvidaremos”.

Y si quien lo pronunciara fuera un Presidente legítimo y constitucional de una nación democrática, el significado y profundidad de dichas expresiones deberían sobrecoger y preocupar en extremo a todo aquel que lo escuchara, ya que con toda seguridad se referiría a un acontecimiento de dimensiones y consecuencias extraordinarias.

No puedo si quiera imaginar cómo hubo de sentirse Volodímir Zelenski cuando, tras 16 días de ultraje e invasión a su precioso país, lanzó estos durísimos y trágicos mensajes al mundo entero.

Mitad auxilio, mitad advertencia, Zelenski, como Gary Cooper en “Solo ante el peligro” de 1952, se enfrenta, en una clarísima desventaja militar, a Putin, el Lan McDonald de esta magnífica película.

Lo malo y dramático de lo que hoy quiero hablaros, es que no se trata de un filme de acción o ficción. El pueblo ucraniano y su presidente se enfrentan absolutamente solos ante el peligro, a la barbarie, la sinrazón y la locura de un terrible enemigo, un dirigente que vive anclado en amenazas y rivalidades inexistentes y que hace décadas que occidente no reconoce, ni a las que ningún país miembro de la Unión Europea parecía preocupar.

En este sentido, debo reconocer que, comprendo la relajación y estupor de los países de la UE; ¿quién podía imaginar que Putin albergaba y deseaba revivir aquellos años oscuros en los que la desaparecida URSS y Occidente o la revenida Alianza se vigilaban y amenazaban mutuamente?; era sencillamente impensable.

Las guerras nunca tienen sentido, y nunca sirven para equilibrar o mejorar nuestro castigado y maltrecho mundo. La violencia sin sentido que ha traído esta guerra entre Putin y Ucrania tampoco traerá nada bueno para el resto de los países, tampoco para sus declarados aliados y mucho menos para el pueblo ruso. Será y tendrá consecuencias incalculables dada la anomalía y antinatural naturaleza o procedencia de este conflicto.

En mi humilde opinión, esta guerra, tan absurda y cruel, como injusta, es fruto de las fobias y tremendos complejos de un solo hombre, torturado durante años por su propia inseguridad, ni siquiera sus hombres de confianza, los más cercanos a Putin, los conocidos como los “Silovik” están al cien por cien con sus teorías conspiratorias contra su pueblo.

Nadie conspira, ni nadie desea nada malo a Rusia, y mucho menos contra su pueblo o ciudadanía. Europa y Occidente respetan la historia, cultura y soberanía del pueblo ruso y todos aspiramos a un mundo unido que vele por la prosperidad y la unión entre naciones, da igual a qué “bloque” pertenezcas, ya que los bloques solo sirven y deben servir a la mejora y garantía de las demandas y necesidades sociales, cada vez más globalizadas, aunque le pese a Putin.

18 días de cerco del ejército Ruso al pueblo ucraniano, 18 días de éxodo de más de 2,7 millones de personas, la mayoría mujeres y niños, 18 días de soledad, muerte y destrucción sin sentido a golpe de misiles, cañones, tanques y enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre hombres que no se conocen y que nada tienen que reprocharse; unos, los rusos, cumplen órdenes que no comprenden, otros, los ucranianos, defienden y protegen su país, a sus familias y de paso, como yo lo veo, el futuro y la justicia en el mundo entero.

Quizás Zelenski y los ucranianos luchan por todos nosotros, por la justicia y el orden mundial, quizás las palabras de este presidente las debiéramos abanderar todas las personas de bien, quizás, si tuviéramos el valor de intervenir activamente frente al peligro, Putino los Putin venideros, sabrían que sus sueños de grandeza e imperialismo desfasado, no caben en este mundo, al menos en uno en el que reza y prevalece la razón, el respeto y la paz entre todos los seres humanos, protegidos fuertemente por sus líderes y alianzas internacionales, y dispuestos a actuar con firmeza y rotundidad, cuando más se necesita.

Gracias Ucrania por esta lección de valor y honestidad.