CONCOVI tutela el desarrollo de 140 viviendas en régimen cooperativo en Torrox (Málaga)
19-06-2026

Opinión del presidente: Junio 2026

«Bastante deshumanizados estamos ya».

Siempre he admirado y me ha maravillado la sorprendente capacidad del ser humano para aprender, adaptarse a su medio, evolucionar y aplicar sus conocimientos para, a pesar de nuestra evidente debilidad física, ser la especie dominante en nuestro planeta. El arma o la herramienta que siempre le ha ayudado a sobrevivir, la inteligencia.

Y aunque podría opinar hoy sobre la carencia de inteligencia de muchos con los que trato, me quiero dar un respiro y hablaros sobre otro asunto que también me turba.

Como llevan prediciendo muchas películas y novelas de ciencia ficción, la insaciable necesidad de crecer y mejorar hasta la perfección todo lo que hace, ha llevado al ser humano a no conformarse con su propia inteligencia, ya no le es suficiente.

El otro día, tras recibir una carta con una serie de documentos adjuntos de un gran amigo al que conozco muy bien, me sorprendió la gramática, pero sobre todo la sintaxis y la semántica que utilizo en su texto de salutación y presentación. Espero que no malinterpretéis mis palabras; mi amigo es una de las personas más inteligentes que conozco y un gran profesional, pero nunca dominó el verbo y mucho menos su escritura. Cuando le felicité y pregunté sobre ello, rio con fuerza y poniéndome su mano en mi hombro, me confesó que no lo había escrito realmente él; me explicó que el cuerpo de la carta y el sentido del mensaje, si eran suyos, y que el resto “era cosa de la inteligencia artificial”; es decir, el estilo depurado, la fluidez, coherencia y claridad de pensamiento lo había redactado “una máquina”.

La “IA” como más se la conoce, ha dejado de ser ciencia ficción y forma parte de nuestras vidas cotidianas. Es utilizada constantemente en múltiples sectores profesionales revolucionando incluso los protocolos de análisis, estudios comparativos y lo más sorprendente, los informes de conclusión de grandes consultorías y despachos asesores de ámbitos tan variados como el de la salud, finanzas, energía, jurídico o incluso educación.

Tanto es así, que la Unión Europea se ha visto obligada a desarrollar su propia Ley de la IA y su uso se haya regulado en los principales países del mundo.

Sin duda, todo lo desconocido impone y creo que debemos aprovechar en positivo esta gran herramienta explorando sus retos y principales aplicaciones, pero también estoy seguro de que hay que vigilar y controlar el rendimiento y sobre todo la evolución autónoma de la IA.

Precisamente en la palabra “autónoma” reside mi inquietud y desasosiego. Por lo poco que sé, la IA optimiza y mejora su rendimiento de forma continua y autónoma. De este modo, conforme asimila mayor volumen de información y ejemplos, aumenta su aprendizaje sin añadir ningún parámetro ético o moral, dado que todo lo que procesa son datos, datos y más datos.

Bastante deshumanizados estamos ya, como para permitir que la IA lo justifique aún más.

Solo digo cuidado.